LA SUBJETIVIDAD EN EL FÚTBOL Y LOS PROBLEMAS QUE CREA

LA SUBJETIVIDAD EN EL FÚTBOL Y LOS PROBLEMAS QUE CREA

¿Cuál es la razón por la que este popular deporte genera tanta polémica y sus arbitrajes y resultados son tan discutidos?

En este artículo se pretende analizar cuán objetivo es realmente este deporte y sus reglas, y cómo la enorme subjetividad de la que está rodeado influye negativamente en la satisfacción de la enorme afición que ha creado a lo largo de los años. Todos somos testigos de las encendidas polémicas que se generan durante y después de los partidos y la poca convicción que generan sus resultados por la constante inequidad de sus arbitrajes. La idea es generar un punto de partida para cuestionar muchas de las reglas y procesos que actualmente regulan este deporte, para analizarlos de manera constructiva y buscar entre todos soluciones que mejoren este (a pesar de todo) hermoso deporte y lo hagan más meritocrático.

El fútbol… ¿espectáculo o competencia?

¿Cuál es el real objetivo del deporte de las multitudes?

Nació como un espacio para hacer ejercicio con una cuota de diversión, como casi todas las actividades recreativas. Fue su evolución y rápido desarrollo, debido a la creciente aceptación de los aficionados, la que convirtió a este ejercicio grupal en el fenómeno mediático que es hoy. No creo que alguien pueda irrogarse la capacidad de dilucidar si este deporte se desarrolló priorizando el espectáculo o siempre fue una simple competencia que, en el camino, generaba espectáculo como beneficio secundario. ¿El resultado de un partido o de un torneo, es el medio o es la finalidad de este deporte?

¿La búsqueda del gol y de ganar los partidos es todo el objetivo de este deporte o son solamente las herramientas de las que se valen dirigentes, equipos y jugadores para generar espectáculo y entretenimiento a los millones de los aficionados que los siguen ahora, ya no solo en los estadios sino a través de la televisión a todos los rincones del planeta? A fin de cuentas, es el público el que paga la factura como se ha demostrado reiteradamente en todo tipo de estudios y artículos especializados. Hoy incluso podríamos agregar cínicamente que el espectáculo y la competencia tienen una alternativa como objetivo de esta multitudinaria actividad… el negocio puro y duro, es decir la rentabilidad para todos: jugadores, técnicos, árbitros, clubes, federaciones, televisión y… varios intermediarios en el camino. ¿Es el negocio el verdadero lei motiv del fútbol hoy por hoy y el resto simples complementos?

Resulta importante priorizar estos objetivos porque a través de su definición es que podremos comenzar a resolver los múltiples cuestionamientos que le hacemos al fútbol hoy en día… y comenzar a buscar las soluciones. ¿Las infracciones deben ser sancionadas teniendo como base el daño que le hacen a la competencia o más bien por los perjuicios que le ocasionan al espectáculo? ¿Cómo es que se debe reconocer y premiar el desempeño de todos los actores: ¿por resultados, goles, títulos, rentabilidad o (ojalá) por su aporte al espectáculo?

Probablemente este cuestionamiento podría iniciar un largo debate sin respuestas finales posibles, como ocurre con todo fenómeno social que aparece y se desarrolla lentamente en el escenario creciente de la evolución humana. Nadie analizó los objetivos a largo plazo de comenzar a patear un balón con destino a un espacio delimitado (arco) y con el apoyo de sus compañeros. Los goles, el score, los torneos, las ligas y los estadios fueron apareciendo en función a las necesidades de jugadores, equipos, dirigentes y del público que, con su aprobación, afición y perseverancia los hizo sostenibles y exitosos.

Es más bien ahora que deberíamos debatir sobre cuáles deberían ser los objetivos de este deporte y así poder resolver muchas de las dudas y problemas que se han generado con la apabullante evolución del fútbol y su absorbente rol en la sociedad actual. ¿Debe priorizarse el espectáculo o más bien la competencia?, ¿el negocio? O tal vez son objetivos concurrentes que pueden convivir sin menospreciarse el uno al otro…

Por otro lado creo que es un buen momento para analizar la situación de la meritocracia en el fútbol. ¿Realmente la organización actual de este deporte y sus reglas están enfocadas para tratar de que siempre (o por lo menos la mayor de las veces) gane el mejor?

Es evidente que, como en todos los deportes, el azar siempre influirá pero creo que es deber de todos los que influyen en este deporte tratar de que el peso de la casualidad cada vez sea menor. Nada le daría más beneficio al fútbol que el espectador tuviera al final del partido la sensación de que ganó el que mejor hizo las cosas… 

La subjetividad del fútbol y las taras del reglamento

Hoy el fútbol es uno de los deportes más subjetivos vigentes. Podríamos decir que en muchos aspectos se acerca a deportes como la gimnasia, el boxeo, las luchas, el surf y otros nuevos deportes cuyo resultado lo evalúan jueces que con sus veredictos definen al ganador. Es verdad que el fútbol se define con goles (que es un elemento sumamente objetivo), pero en el camino hacia el arco este deporte está poblado de subjetividades que terminan influyendo (nocivamente) en los goles que se anotan (o se anulan) y, por lo tanto, en el resultado de partidos, de torneos y en todo tipo de reconocimientos y premios que se han ido creando para meritar a los actores… y al negocio.

Si uno analiza con cierto criterio de exigencia las reglas que rigen el deporte, se va a encontrar irremediablemente con definiciones y descripciones de situaciones que requieren de calificaciones (incomprensiblemente) subjetivas del árbitro (y ahora del VAR). Como un simple ejemplo, el foul (infracción) requiere en todos los casos que la acción sea cometida con algún tipo de complemento que está siempre sujeto a interpretación (la regla dice que la acción se cometa de una manera que el árbitro considere imprudente, temeraria o con el uso de una fuerza excesiva). Incluso el reglamento califica como infracción la simple intención del jugador de hacer algo penado. Es difícil imaginarse algo más subjetivo que calificar la intensión de un jugador al ejecutar una acción en el campo de juego. Lo extraño e irónico del tema es que casi nunca estas reglas se aplican y solamente se usan cuando el referí requiere excusarse de algún error cometido. Si este deporte tiene ya una larga historia, rica en todo tipo de experiencias (buenas y malas) y ha acumulado una extensa “jurisprudencia” deportiva; ¿por qué no se la recoge en un reglamento moderno, simple, objetivo y con escasísima exigencia de calificaciones e interpretaciones.

La evolución en los deportes, la tecnología y la obsolescencia de los arbitrajes presenciales. Los derechos del público que es el que financia todo.

Para nadie es un secreto que el fútbol que se juega hoy ya no es el que disfrutaron nuestros abuelos. Todo ha evolucionado. Hoy es una actividad profesional a dedicación exclusiva y la exigencia sobre los jugadores puede en muchos casos calificarse de extrema. El nivel de la preparación física, las dietas, los entrenamientos, el recargado calendario de partidos, la continua exposición a los medios y la escasa intimidad de los jugadores; hacen que los 90 minutos de juego sean al final solo una parte de todo este show montado con el permanente propósito de rentabilizarlo al máximo. Qué lejos se ven los partidos de fin de semana, que se transmitían por radio y entre equipos cuyos jugadores adicionalmente tenían trabajos normales porque las remuneraciones de sus equipos eran solo propinas que, en ningún caso, alcanzaban para parar la olla. Contar estas historias a los nietos y ver sus rostros llenos de incredulidad solamente muestran y nos convencen del drástico cambio en los últimos 50 años.

La llegada de la tecnología cuyo copamiento en todas las actividades del ser humano es ya incontenible, en el caso del fútbol podríamos calificarla incluso de invasiva. Este deporte ha dejado de ser una actividad eminentemente presencial y hoy por hoy es básicamente un espectáculo que se disfruta principalmente por televisión, y ya también en lap tops, tablets y teléfonos celulares. Ahora el espectador es sumamente exigente porque goza de todas las herramientas para serlo. La tecnología le permite ver normalmente mucho más de lo que ve el árbitro presencial y lo mismo que experimenta el comentarista del canal escogido (algo que estos señores raramente tienen en cuenta). Teniendo en cuenta estas características actuales en el fútbol, lo lógico sería que todo (el reglamento, los arbitrajes, las transmisiones, los comentarios, etc.) se adapte a esta nueva y exigente realidad. Resulta una pregunta que desafía el pudor crítico más elemental ¿por qué no se da esta natural adaptación? El reglamento otorga demasiada carga interpretativa a los árbitros, las decisiones de arbitraje las toma el que menos recursos tiene disponibles, los comentaristas siguen creyendo que pueden decirle al televidente que ha ocurrido lo que claramente no ha ocurrido y el espectador termina, casi siempre, confundido e insatisfecho.

Es indudable que no es lógico y mucho menos justo que esta situación siga vigente. En algún momento deberá cambiar o simplemente… explotará. Somos los espectadores los que finalmente sostenemos, con nuestra fidelidad y perseverancia, toda esta actividad y el negocio. Si el público no es priorizado en las decisiones que se adopten en el futuro la paciencia simplemente se agotará y este espectáculo dejará de ser prioritario a punta de frustraciones y descontento.

Muchos de los deportes por equipos están teniendo evoluciones bastante más realistas. El básquet y el vóley están mostrando cómo el arbitraje puede someterse a la tecnología con resultados convincentes. En los juegos olímpicos de Tokio las revisiones a través de la tecnología no dejaban lugar a dudas y los árbitros se sometían sin dudas ni murmuraciones. El tenis es otro ejemplo de cómo el uso de la tecnología termina dejando satisfechos a propios y a extraños. En cambio, en el fútbol el VAR lo único que ha agregado a la frustración del espectador, es que ahora las injusticias y arbitrariedades se han hecho más evidentes.

Los dirigentes y su rol nefasto en los deportes… particularmente en el fútbol.

Hoy en día las noticias deportivas de todos los días contienen información de crisis y problemas en los equipos y en las federaciones y casi siempre por inconductas de los dirigentes. Todos sospechamos (lamentablemente sin pruebas) que hay manipulaciones irregulares de todo calibre en el manejo del fútbol. Ya sólo es una incógnita el nivel de arraigo de los malos manejos y de su incursión en responsabilidades penales de alguna de estas conductas.

Es verdad que la crisis dirigencial no es exclusiva del fútbol y ahí sí es difícil encontrar algún deporte que se escape por lo menos de manejos ineficientes, cuando no irregulares. Probablemente lo que aumenta la exposición del fútbol es su mayor popularidad. Hace inevitable que periódicamente tengamos pugnas y escándalos de todo tipo. Es bastante extraño que se mencione algún equipo o institución en el que el que su manejo y/o administración sea remarcable por su eficiencia y su honestidad. Prácticamente no hay excepciones.

Hay algo en la reglamentación de la FIFA para las federaciones y sus procedimientos electorales que debería cambiar radicalmente. No puede ser casualidad que todos los dirigentes, en todos los países, sean reelegidos indefinidamente y la mayoría muere ejerciendo un cargo que asumió por décadas. Es la monarquía rediviva en el mundo deportivo. No hay nada más ineficiente y peligroso que un cargo dirigencial que no se renueva permanentemente. Es la única manera en que exista una fiscalización seria y eficiente. Todas las organizaciones evolucionan y se nutren de sus experiencias buenas y malas. Si estas no son revisadas y, en su caso, corregidas; no habrá crecimiento y evolución positiva. La propia FIFA no escapa a esta regla y los últimos presidentes y dirigentes han durado por décadas, propiciando que continuamente sean imputados y hasta denunciados por malos manejos. La última crisis de Joseph Blatter fue una muestra palpable y ya los reflectores acusadores, hace rato que están enfocados en Infantino el presidente actual.

Los jugadores y su creciente deshonestidad en el campo de juego.

La crisis moral en el fútbol hace rato alcanzó a los propios jugadores. No voy a acusarlos de ser deshonestos en la idoneidad de su esfuerzo deportivo porque hay pocos indicios y ninguna evidencia de lo contrario, pero ya resulta excesiva y hasta vergonzosa la simulación constante de dolores y lesiones como producto de jugadas exigentes. A estas alturas hay una inercia total en el fútbol masculino por exagerar (a veces a niveles ridículos) los “efectos físicos dolorosos” en cada infracción que les cometen los rivales. Jugadores revolcándose de dolor y golpeando repetidamente con la mano el gras tratando de llamar la atención (suponemos del árbitro), para que aplique la sanción y hasta la amonestación más drásticas al infractor. Supongo que este tipo de conducta se originó hace muchos años cuando el árbitro en cancha era la única autoridad y el único que decidía. El teatro le permitía a la víctima inflar exponencialmente los efectos de la infracción y así atarantar al árbitro para que sancione drásticamente al infractor. Pero en estos días en los que hay infinitas cámaras mostrando al VAR, a los periodistas y a los espectadores lo que realmente ocurrió, estas simulaciones están totalmente fuera de lugar y lo único que generan es vergüenza ajena.

He mencionado exclusivamente al fútbol masculino en esta crítica porque si alguno de ustedes ha tenido oportunidad de espectar competencias de alto nivel (por ejemplo, un mundial) de fútbol femenino, podrá constatar que allí la realidad es totalmente diferente. Ver a las jugadoras derribadas levantarse normalmente de manera natural y sin mayores gestos de dolor (a menos que realmente se haya producido una lesión), resulta un bálsamo en nuestro pudor de espectadores pues nos evidencia cuán deshonestos son los gestos y pataletas de los varones. Con esto no estoy pretendiendo hacer un juicio de género sosteniendo que los varones somos más deshonestos que las damas… ni mucho menos. Solamente estoy relevando una realidad más que evidente y mis explicaciones apuntan más hacia una mala costumbre desarrollada hace muchos años (el fútbol femenino es bastante más reciente) y que se mantiene más por una inercia absurda y no corregida. Hace rato que toda simulación debería merecer una tarjeta amarilla (y no solamente las que ocurren en el área por buscar abusivamente que se sancione un penal). El fútbol hay que limpiarlo a punta de tecnología. Tenemos que aprovechar que ya no tiene secretos… todo lo que ocurre en la cancha lo vemos y lo calificamos. El reglamento y el arbitraje tiene que adaptarse a esa realidad y sancionar todas las inconductas que ensucian este deporte (aún no tan maravilloso como podría ser).

Los árbitros… ¿víctimas o villanos?

¿Por qué el árbitro en el fútbol tiene tanto protagonismo y termina, en la mayor parte de los casos, siendo el malo de la película? La respuesta es muy simple, porque siempre habrá un perdedor y sus jugadores, entrenadores y aficionados necesitan alguien a quien culpar. Hay muchas veces en las que este inmaduro traslado de responsabilidad tiene algún fundamento, pero la verdadera razón radica en la enorme influencia que, en la práctica, tiene el árbitro en el resultado de los partidos. La verdad es que en muy pocos casos esta imputación tiene asidero en alguna inconducta del árbitro. Lo normal es que la enorme carga subjetiva de muchas decisiones arbitrales no es entendida de la misma manera por los perdedores y mucho menos aceptada.

No es que los árbitros sean ineficientes (siempre los hay) o deshonestos (muchos menos). Lo cierto es que se les traslada injusta y neciamente la responsabilidad de tomar las decisiones, con tan pocas herramientas disponibles. El árbitro ideal no es solo el que actúa imparcialmente sino aquel que tiene un comportamiento neutro, es decir que no influye en el resultado. El mejor árbitro es el que no se hace notar, el que pasa desapercibido… no debe ser protagonista. Pero con el reglamento subjetivo que tiene el fútbol, con sanciones desproporcionadas como el penalti y con la obligación de tomar decisiones, aunque no se disponga del tiempo suficiente y de las mismas herramientas tecnológicas que los demás espectadores; es lógico que los árbitros terminen siendo figuras relevantes y en muchos casos decisivas en el resultado de los partidos.

Vista la cruda realidad en la que deben actuar estos seres humanos (créanme, lo son), me parece indudable que son las grandes víctimas de las reglas obsoletas y la terca insistencia de los dirigentes en mantener ciertas instituciones tradicionalistas en este deporte. Creo que el arbitraje, tal como se mantiene, es la peor de todas. Es verdad que la llegada del VAR ha permitido al árbitro en cancha por lo menos compartir algo de responsabilidad (lamentablemente se puede recurrir al VAR solo en casos específicos y muy limitados) en las decisiones, pero absurdamente la decisión final sigue siendo la suya y, por lo tanto, seguirá siendo el villano de la película… por lo menos para los perdedores.

El periodismo cómplice

Aunque termine siendo impopular este comentario no puedo dejar de mencionar el rol nocivo que desempeña el periodismo deportivo actual en el fútbol (con notables e importantes excepciones). La mayor parte de la prensa hablada y escrita que actúa en el mundo del fútbol es descaradamente parcializada. Me resulta desagradable decirlo, pero muy pocos periodistas son objetivos en sus comentarios. Es natural que como seres humanos tengan también sus preferencias, pero es su obligación profesional actuar por encima de ellas… y, en general, no lo hacen. Con este comportamiento terminan echando más leña al fuego y fomentando las encarnizadas discusiones de los hinchas en las redes sociales.

Es verdad que las causas antes enumeradas de la creciente subjetividad en el fútbol, coadyuvan a esta nefasta influencia. El periodista normal queda así atrapado también en este mundo subjetivo y termina formando parte del mismo, contribuyendo a la creación de cada vez mayor cantidad de interpretaciones diferentes y, por tanto, de infinitas frustraciones en los aficionados. Casi nunca hay convicción generalizada en los juicios sobre los resultados en el fútbol… todos los actores contribuimos con nuestras subjetividades a este desmadre.

Merece especial mención el triste rol del periodismo cuando comenta (en realidad no lo hace), el arbitraje de los partidos. Pareciera que existe una política generalizada a aceptar como valedero cualquier juicio arbitral. En apariencia es deber del periodista promedio darle el beneficio de la duda al señor árbitro. Pareciera que existe una suerte de complot por el que las cadenas de televisión logran contratos para transmitir partidos, siempre que se comprometan a que sus periodistas no criticarán el arbitraje. Esta parece una conducta social y políticamente correcta. ¿A qué echar más leña al fuego? Pero lamentablemente lo único que se logra con ello es perennizar el subdesarrollo de este deporte. Si no hay crítica ni cuestionamiento, nunca habrá evolución y menos cambio.

La sanción del penalti y su icónica… (y nefasta) influencia en los resultados.

La sanción máxima en el fútbol denominada penal, penalti (inglés) o rigore (italiano) pretende sancionar una infracción que se supone es grave y, por lo tanto, permite al equipo agraviado “resarcirse” del daño recibido y efectuar un disparo desde 12 metros, evento en el que quien dispara tiene todas las ventajas para anotar y el arquero muy bajas oportunidades para atajar.

Para ello se ha dibujado un área en el campo de fútbol, denominada “área grande”, en la que se ha creado un espacio en el que todas (o la mayor parte de) las infracciones (foul o handball) se sanciona con el oneroso disparo de los 12 metros. Este esquema parte de la suposición de que toda infracción en este espacio causa un severo perjuicio en el bando agraviado, suponiéndose que dicho perjuicio se repara “proporcionalmente” con el susodicho disparo de los 12 metros. Todos los que tenemos alguna afición al fútbol sabemos que ésa es la gran mentira de este deporte: la gran mayoría de infracciones sancionadas con el disparo penal, no perjudican al equipo agraviado hasta el punto de impedirle concretar una jugada inminente de gol. Tendría que ser así para justificar que la sanción “proporcional” sea un disparo sin barrera desde los 12 metros. La gran mayoría de infracciones así sancionadas no implican riesgo inminente de gol. Una gran cantidad ocurren lejos del arco (por más que estén dentro del área), muchas tienen como protagonista a un atacante que incluso se mueve en dirección contraria al arco y casi todas ocurren cuando todavía hay varios defensores y obstáculos que el delantero agraviado tendría que superar para llegar al gol. En resumen, es muy rara la ocasión en la que esta sanción resulta proporcional al daño causado. Por lo tanto es ilógica, es absurda y casi siempre injusta.

El gran problema de esta sanción es que, con la tendencia del fútbol moderno de priorizar la defensa al ataque, muchas veces un solo gol define el partido y, en otras tantas, el resultado de esos partidos decide torneos completos. Esta situación es tanto más injusta en torneos de eliminación directa como las finales de los mundiales o las últimas etapas de los torneos continentales (como la Champions o la Copa Libertadores), en los que una sanción de penal inoportuna puede terminar con los sueños de cualquier equipo, por más control del juego que haya demostrado en la cancha.

En el derecho penal (materia que por analogía resulta aplicable a todo evento en el que hay infracciones y sanciones) un principio básico de justicia es que haya proporcionalidad entre la infracción (o delito) y la sanción (o pena) que se le aplique al infractor o delincuente. La civilización ya ha evolucionado lo suficiente como para que un simple robo pueda recibir como sanción la pena de muerte. Gran parte de los grandes debates en el arbitraje del fútbol se da precisamente con respecto a la sanción del disparo penal. Es verdad que las reglas subjetivas con respecto al foul colaboran enormemente con esos debates, pero la principal razón por la que esta sanción será siempre debatida es por el excesivo rigor de la sanción, por la casi siempre desproporción entre la infracción y la sanción. Esta obsoleta regla dejará siempre insatisfacción y frustración en el espectador acucioso (aunque su equipo sea el beneficiado), porque casi siempre generará un resultado inmerecido. En el fútbol moderno es cada vez más difícil hacer goles y que el árbitro (y el VAR) los regale con sanciones de disparo penal… nunca tendrá el sabor de la equidad.

El Off Side o fuera de juego y su objetivo (consciente o inconsciente) de achicar la cancha.

Probablemente hay pocas reglas más confusas y más polémicas en el fútbol que el “fuera de juego” (off side), pues su aplicación siempre ha estado teñida de las más encendidas discusiones y reclamos. Tal vez deberíamos comenzar, para entenderla, por desentrañar el o los objetivos de su creación y mantenimiento. En teoría si es tan complicada y genera tantos conflictos la mejor solución sería eliminarla. ¿Es posible y conveniente?

Aunque nadie lo dice la regla del Off Side parecería tener dos importantes propósitos: i) primero es un importante incentivo para añadirle al juego un diseño táctico. El beneficio de dejar delanteros rivales en “fuera de juego” impide un desgaste físico defensivo y evita (o por lo menos limita) el daño que pudiera generar el contragolpe del equipo rival, y ii) “achica” la cancha. Desde que crea un espacio “prohibido” a espaldas de la defensa del equipo que ataca, se obliga a los equipos a jugar en un espacio bastante más reducido. Si bien ello ahorra un importante esfuerzo físico desde que los jugadores se desplazan en un área menor, por otro lado el juego se hace más trabado por falta de espacio para avanzar y generar jugadas ofensivas. Es indudablemente una regla que favorece el juego defensivo.

Analizada esta regla desde el punto de vista del objetivo que todo deporte que genera afición debiera tener, es decir la calidad del espectáculo, pareciera que agrega muy poco y más bien resulta negativa. No creo que haya alguien que pudiera creer que con más espacio para desplazarse el juego perdería vistosidad. Es claro que tendríamos un espectáculo más atractivo. Sin embargo, el tema del mayor desgaste físico de los jugadores (ya bastante exigido por el apretado calendario de los torneos y exhibiciones) por tener que desplazarse en un espacio bastante mayor, aconseja mantener la regla aunque probablemente con varios ajustes porque las razones sobran. También las virtudes tácticas que esta regla le agrega al juego no son nada desdeñables desde el punto de vista de estrategia y disciplina de equipo. Esta parte del juego es indudablemente un aspecto positivo del espectáculo y, en mi criterio, suficiente para inclinarnos a mantener la regla. Lo que hay que tratar es que sea más clara, más objetiva y más fácil de interpretar y aplicar.

El tradicionalismo del fútbol como barrera para su evolución. ¿Hay como rebelarse?

Una de las grandes barreras para que el fútbol se modernice, evolucione y mejore, es esa “cultura tradicionalista” que domina la mente de la dirigencia. En buena parte es consecuencia de la costumbre (dañina, por cierto) de mantener a los mismos dirigentes en las federaciones por décadas. Ya hemos comentado que este hábito genera riesgos de poca transparencia y ausencia de fiscalización por falta de renovación. Pero adicionalmente debemos agregar como efecto de esta mala costumbre la tendencia a mantener los hábitos y reglas de siempre, la total resistencia al cambio.

Es verdad que el fútbol ha evolucionado en los últimos años, pero también lo es que, probablemente, es el deporte que menos lo ha hecho. Hay instituciones totalmente obsoletas en el fútbol que se mantienen por pura inercia. “Principios” anquilosados como “el árbitro en cancha decide”, “el fútbol es un deporte de contacto”, “las decisiones arbitrales no son revisables”, “las evaluaciones a los árbitros no se difunden”, etc. Todo ello genera un ambiente de desconfianza respecto de las grandes decisiones en este deporte. Necesitaríamos mayor transparencia, mayor participación del periodismo deportivo y de la afición en la evaluación de los casos polémicos… y mucho más autocrítica de la dirigencia.

Mientras tanto es poco lo que podemos hacer frente al andamiaje burocrático de la dirigencia en el fútbol. La FIFA como entidad no gubernamental no es fiscalizable por la justicia común a menos que se le demuestren evidencias de delitos comunes. Es más, hay normas y reglas en la FIFA que impiden a los gobiernos de los países miembros inmiscuirse en procesos de las federaciones locales y la sanción al país que incumple es simplemente la desafiliación. La selección nacional y los equipos de ese país pasan a ser parias en el fútbol internacional y no pueden participar en los torneos regulados por la FIFA (es decir todos). En la práctica las federaciones locales y la FIFA son realmente intocables. Esa realidad ha creado un muro impenetrable que no solo protege a dirigentes y árbitros, sino que impide una mayor y mejor evolución de este deporte.

LA SUBJETIVIDAD EN EL FÚTBOL… ALGUNAS PROPUESTAS DE SOLUCIÓN

Drástica reducción a los efectos de la sanción del penal. En busca de la proporcionalidad… y equidad.

Puestos a buscar soluciones creativas ¿cómo haríamos para que en la sanción del penal haya proporcionalidad entre infracción y sanción? Es obvio que la subsistencia de la regla actual tendría que descartarse. En mi opinión tendrían que, por lo menos, aplicarse los siguientes criterios:

Reservarse el disparo de los 12 metros exclusivamente para los casos en los que la infracción obstaculice un gol inminente. El remate directo al acto, sin barrera y de tan corta distancia debiera subsanar una situación comparable impedida por la infracción. Es cierto que esta calificación tendrá un grado importante de subjetividad, pero creo que resulta inevitable. La objetivación de estas calificaciones debiera obtenerse con una regla cuyo texto sea muy exhaustivo, preciso y sin mayores adjetivos. El resto de la tarea lo tendrá que hacer el arbitraje externo y una “jurisprudencia” que se respete basada en el principio “infracciones comparables merecen sanciones también comparables”.

Crearse una sanción intermedia para infracciones dentro del área que, si bien no impliquen impedir un gol inminente, sí tengan una carga de riesgo importante en el arco del equipo infractor. Esta sanción tendría que darle más opciones al arquero como que el disparo se haga de más lejos (desde la media luna, por ejemplo) o que el delantero pueda optar por acercar el balón al arco antes de disparar y el arquero salir de su arco a achicar el ángulo. Una sanción de este tipo no solo le agregaría mayor equidad a la relación infracción/sanción, sino que mejoraría el espectáculo desde que enfrentaría a dos protagonistas que tendrían opciones más equitativas. Este tipo de sanción podría usarse probablemente con mejores resultados (que los penales tradicionales) en la definición de partidos que por cronograma de torneos no puedan terminar empatados.

El resto de las infracciones que se produzcan en el área y que no respondan al riesgo descrito en los literales anteriores, debería sancionarse con disparo directo desde el lugar de la infracción y con derecho a barrera.

Modificaciones a la regla del fuera de juego… favorecer el juego ofensivo.

Como ya hemos mencionado en párrafos anteriores el off side o fuera de juego es una regla controvertida y de difícil aplicación objetiva, pero necesaria. Ya se explicaron las razones. La manera de encarar esta reglamentación para mejorar su aplicación y hacerla más objetiva, pasa por varios cambios y adecuaciones que tienen que discutirse alturadamente buscando facilitar la labor de los árbitros y permitiendo mejorar la interpretación de todos los involucrados (los propios árbitros, el periodismo y el público en general).

A continuación, cito algunas ideas y sugerencias para iniciar este diálogo:

“Agrandar un poco más la cancha”, no hasta el punto de eliminar el off side pero sí restringir de alguna manera el espacio de su aplicación. La regla vigente hoy es que la prohibición de que el delantero esté más cerca del arco contrario que dos jugadores rivales, es aplicable solamente a partir de la media cancha. Es decir que en una situación extrema la regla reduce el campo de juego a jugar válidamente el balón solo en la mitad de la cancha reglamentaria si el equipo que ataca adelantó su línea de defensa hasta ese límite. Hay muchos partidos en los que equipos de planteamiento defensivo logran así reducir enormemente los espacios con alto costo para el espectáculo. Una idea para “agrandar” un poco ese espacio sería trazar dos líneas adicionales, a dibujar en el campo de juego, que sean paralelas a la línea de la media cancha y que se sitúen a unos 20/25 metros de dicha línea medular. El objetivo de estas dos líneas serviría para permitir que haya delanteros adelantados (en supuesto off side) que se ubiquen en ese espacio (entre la media cancha y la nueva línea) y que puedan recibir y avanzar válidamente con el balón, si parten de ese espacio. En otras palabras, la idea sería “achicar” el espacio en el que se sanciona el off side haciendo “crecer” la cancha en esa proporción.

Otorgar el beneficio de la duda en la aplicación de la regla en favor del delantero, para fomentar el juego ofensivo. Hace varios años se dispuso que las interpretaciones efectivamente favorecieran, en las dudas, al atacante; pero lamentablemente la llegada del VAR ha logrado claramente el efecto contrario. Si bien la regla actual exige a los árbitros abstenerse de ejecutar la sanción hasta que termine la jugada (y eso favorece claramente al equipo atacante al punto que le permite concluir las jugadas dudosas); cuando se revisa en el VAR en forma detenida lo sucedido, las interpretaciones favorecen claramente al equipo que se defiende al punto que si el brazo o el codo del delantero están unos centímetros adelantados, el VAR procede a anular los goles. Habría que buscar una buena redacción de la norma para que solamente se sancione al delantero por su adelantamiento, en los casos en que realmente obtenga una clara ventaja frente al defensa que lo marque. Resulta obvio que si uno tiene solamente el brazo adelantado no está obteniendo un beneficio indebido. No debemos olvidarnos que el espíritu original de la sanción (muy adecuado por cierto), es que el delantero no se aprovechara de un adelantamiento indebido obteniendo un beneficio sobre la defensa que lo marca. En ese sentido la aplicación de la prohibición debiera computarse en ambos casos (defensa más atrasado y delantero en supuesta posición ilícita), a partir de comparar la parte del cuerpo que está apoyada en el gramado (el punto de apoyo). El resto del cuerpo que está en el aire no hay manera de que otorgue ventaja alguna al atacante.

Además, y esto sigue siendo una idea a discutir, debiera establecerse una medida (como un metro por ejemplo) que favorezca al atacante y le permita un adelantamiento en esa proporción. En la práctica un adelantamiento menor a esa medida resulta muy improbable que genere alguna ventaja lo suficientemente efectiva para sancionarla. La existencia de un espacio adicional de adelantamiento de este tipo permitiría que el off side, cuando se sancione, no deje dudas sobre su posición irregular. Claro que una regla así abriría espacio para discusiones del tipo “fue más de un metro o menos de un metro” (según el punto de vista e interés de quien hace el análisis). Sin embargo la ventaja es que ahora la tecnología permitiría reducir enormemente esas dudas, si se crean programas que permitan hacer esas mediciones en segundos y de manera muy rigurosa. 

La objetivación del foul o infracción.

Una de las principales causas de la subjetividad en el fútbol, como ya se ha manifestado en nuestro artículo previo es la forma en la que se describen las infracciones. Ya hemos citado parcialmente el reglamento (regla 12) en la que se exige para incurrir en una infracción que esta sea cometida de una manera que el árbitro considere imprudente, temeraria o con el uso de una fuerza excesiva. Este tipo de definiciones era comprensible cuando la inexistencia de tecnología obligaba a aceptar y delegar en una sola persona (árbitro) toda la confianza para que decida a su exclusivo criterio cómo aplica el reglamento. Hoy resulta hasta absurdo mantener esa delegación y esa confianza cuando hay tantos recursos tecnológicos que pueden acercar las decisiones y sanciones a la realidad y a una mayor equidad.

El fútbol de estos días exige partir de una definición general que califique de infracción a cualquier acción, intencional o no, que impida a un jugador del equipo rival acceder al balón cuando lo tiene disponible o podría llegar a tenerlo. Una regla así de simple podría facilitar mucho las interpretaciones. Probablemente una de las acciones más comunes y siempre sancionadas es la “llegada a destiempo”, es decir cuando dos jugadores rivales desean alcanzar un balón dividido y uno de ellos llega tarde e impacta al cuerpo del rival en lugar de hacerlo al balón y, con ello, impide al rival continuar con su jugada. Es una infracción evidente y no requiere de mucho análisis, no necesita ser imprudente, temeraria o de uso excesivo de la fuerza para ser sancionada. Basta que haya obstaculizado al rival sin tocar el balón para que sea una infracción evidente y sancionable.

El uso de las manos en el fútbol y la objetivación de su sanción.

Lo mismo ocurre con el uso de las manos por los jugadores. Queda claro que es un recurso prohibido menos para los arqueros y cuando el jugador ejecuta un saque de banda. Sin embargo, la regla inicial que exigía que la mano fuera intencional se ha ido distorsionando y ahora hay una serie de excepciones sancionables, repletas de subjetividad (si la mano está separada del cuerpo, si aumenta el volumen, etc.) El resultado es que rara vez se sanciona de la misma manera jugadas similares y con ello se deja a jugadores y público en permanente estado de frustración.

En este caso la regla debiera simplificarse sin demasiadas descripciones. El espíritu es que el jugador en ningún caso debe beneficiarse del uso de la mano, porque es una extremidad proscrita en el juego. Por ello debiera sancionarse todo impacto con la mano al balón, sea voluntario o no, a menos que la acción, de manera manifiesta y evidente para todos, no le irrogue beneficio alguno al equipo cuyo jugador fue impactado. Es verdad que esa excepción puede también ser interpretable y tener cierto grado de subjetividad, pero creo sinceramente que dejar el análisis a un solo elemento a evaluar (el beneficio), restringiría enormemente las dudas y errores

Las amonestaciones, intencionalidad de las infracciones, las sanciones… y las tarjetas.

La amonestación es un complemento importante de la sanción y un elemento imprescindible para mantener la corrección en el juego, sobre todo por sus efectos disuasivos. En ese sentido yo creo que si algún cambio debiera haber debería ser en el sentido de aumentar el rigor en la aplicación de amonestaciones.

Las intenciones y los excesos en la temeridad, en la imprudencia y en el uso excesivo de la fuerza debieran ser calificaciones necesarias, pero no para sancionar la infracción sino para definir el nivel de la amonestación (si cabe), es decir la aplicación de la tarjeta amarilla o la roja. Las infracciones en el fútbol no deben estar sujetas a interpretaciones subjetivas de nadie, dejemos esa parte para las amonestaciones y apoyarnos, para aplicarlas con proporción y equidad, en la tecnología.

El elemento más importante para aplicar una amonestación debiera ser la intencionalidad. Creo que también debiera amonestarse la imprudencia y el uso excesivo de la violencia, pero en mi criterio la tarjeta roja, por ejemplo, debiera requerir, en todos los casos, la existencia de intencionalidad. Ante la duda de usar la tarjeta roja en casos de violencia excesiva sin intención, pero con consecuencias de grave lesión para la víctima, yo me inclinaría por no usar la tarjeta roja porque esta sanción extrema en el campo de juego debiera aplicarse a las causas y no a las consecuencias para evitar inequidades. Si un análisis posterior al partido y más minucioso demuestra que una acción sin intensión, pero que fue ejecutada con imprudencia y excesiva violencia, incluso con consecuencias lamentables por haber ocasionado una lesión grave, debería generar sanciones posteriores (como suspensiones y multas) pero no con expulsión. La expulsión del campo de juego es una medida extrema que, en casi todos los casos, rompe el equilibrio de un partido y define el resultado. Por eso creo que debiera limitarse a los casos de mala intensión y castigar severamente solamente las infracciones deliberadas. El juego con mala intensión sí debe ser proscrito y perseguido con todo rigor. Es la mejor manera de elevar la limpieza del juego, proteger a los jugadores y fomentar la lealtad entre los mismos.

Es verdad que es cierta la constante afirmación de que “el fútbol es un deporte de contacto” y por ello debiera permitirse una cierta tolerancia al analizar las fricciones cuando dos rivales se impactan; pero justamente por esa característica es que hay que aumentar la exigencia en la lealtad deportiva. Este deporte pone en riesgo la integridad física del jugador y, por ello, debería exigir del rival una actitud de respeto y consideración permanentes. El contacto entre jugadores es inevitable cuando ambos disputan un balón y, por lo tanto, es parte de las exigencias del juego; pero sí puede y debe ser evitado cuando no hay disputa de balón. Las obstrucciones sobre todo con pelota parada (tiros directos y saques de esquina), deberían sancionarse con bastante mayor rigurosidad que la actual. Los abrazos, agarrones, empujones y toda suerte de obstrucciones entre los jugadores que esperan el balón en un disparo de pelota parada, son francamente deleznables y destrozan la imagen de este deporte. Es el momento en el que el fútbol se acerca al rugby y al fútbol americano. No hay razón alguna para seguirlo permitiendo. Debieran usarse tarjetas de inmediato y en forma rigurosa hasta que esta mala costumbre desaparezca. Los entrenadores son corresponsables de esta tara en el fútbol al exigir este tipo de obstrucciones a sus jugadores. Estos disparos a pelota parada son los peores momentos de un partido y son, probablemente, la circunstancia que más inequidades genera. Se sancionan muy pocos casos y de manera aleatoria e inequitativa (cuando el árbitro los ve) porque el VAR solamente puede intervenir si la sanción probable es un tiro penal. Esta parte es también irónica pues, en teoría, todo agarrón en defensa (el jugador que defiende obstruye al delantero) debiera generar un disparo penal porque se trata de un foul dentro del área; pero eso ocurre en muy pocos casos con lo que se genera la enorme inequidad. La variación y ajuste de estas reglas debiera ejecutarse en conciliación con los cambios de la sanción del tiro penal, pero estas obstrucciones debieran ser sancionadas y amonestadas en todos los casos, pues siempre son deliberadas.

El arbitraje tecnológico con externalización de las decisiones.

En nuestro criterio no es posible mantener el arbitraje en campo vigente más tiempo sin atentar contra la equidad y la transparencia. Como hemos dicho, es absurdo que la persona que menos recursos tecnológicos y, por tanto, menos información disponible tiene; sea quien tome las decisiones. Probablemente sea conveniente mantener un solo “árbitro” en el campo, pero solo para ordenar la ejecución de decisiones adoptadas por un árbitro remoto premunido de todos los equipos y capacidades para tomar decisiones sustentadas en tiempo real. El árbitro en campo tendría facultades sobre los jugadores para mantener el orden, evitar conflictos y asegurar la ejecución pacífica y disciplinada de las decisiones del árbitro remoto. Esas facultades incluirían obviamente la capacidad de sancionar a los jugadores “faltosos” aunque, en nuestro criterio, si los jugadores saben que el árbitro en campo no es el que decide, las reacciones agresivas contra él disminuirían radicalmente.

El arbitraje remoto debería tener, por lo menos, las siguientes características: i) ser plural para asegurar imparcialidad, ii) ser transparente para asegurar fiscalización, iii) ser inmediato para no alterar el curso del juego, iv) ser inapelable para darle seguridad a las decisiones y, finalmente, v) ser fiscalizado y sancionado de manera pública y abierta.

Para lograr la primera característica de pluralidad sugerimos que el arbitraje remoto esté compuesto de tres (3) miembros, cada uno premunido de los mismos equipos y todos ellos con capacidad para detener el juego con un timbre audible para los jugadores, el árbitro en campo y el público en general. El árbitro que timbró escogerá de inmediato en una lista de infracciones preestablecidas la que considera se cometió y retrocederá la filmación a la escena que en su criterio prueba la infracción; la repetirá rápidamente de diversos ángulos (si es necesario) y acto seguido se procederá a la votación de los 3 árbitros que solo tendrán dos opciones: sí o no. No se permiten abstenciones. Si un árbitro duda podrá repetir la escena por una vez. Estará permitido el diálogo entre los tres árbitros antes de la votación, pero solo si es indispensable para una decisión controvertida y con un límite de uno o dos minutos. La decisión se toma por mayoría y se comunica de inmediato a todos los actores para que el juego no se interrumpa más allá de lo necesario. Descrito así el arbitraje pareciera que se está sugiriendo una cadena ininterrumpida de suspensiones interminables del juego, pero con especialización, práctica y objetivación de las reglas; yo creo que incluso se ganaría tiempo con relación a las interrupciones actuales que generan suspensiones a veces mayores a 5 minutos, simplemente porque las reglas no son claras o son muy subjetivas.

Para lograr la segunda característica de transparencia, todos los estadios (por lo menos de los partidos cuyos torneos lo puedan financiar) tendrían que contar con por lo menos 4 pantallas gigantes instaladas en cada uno de los cuatro sectores del estadio, con equipos de audio de alta definición para permitir que toda la gente que está en el estadio escuche con claridad. Tanto la parte de video como la de audio estarían directamente conectadas a las empresas de televisión que tienen los derechos del partido como para que sus audiencias también tengan acceso inmediato a esta información. Para lograr total transparencia, todos los actores verían y escucharían todo lo que se actúe, visualice y comente entre los árbitros desde que se detuvo el juego. De esa manera todas las partes tendrían acceso inmediato al análisis, deliberación si la hubiera y votación con la decisión incluida. Esta transparencia aseguraría imparcialidad y brindaría certeza a todos los actores. Árbitros bien capacitados en el uso de estas herramientas, permanentemente entrenados, bien remunerados y conscientes de estar siendo fiscalizados, completarían el escenario para asegurar decisiones imparciales y equitativas.

La tercera característica de inmediatez se lograría mediante la capacitación y entrenamiento de los árbitros y el concurso de herramientas tecnológicas de última generación. En nuestro criterio, entre la detención del juego y la emisión de la decisión arbitral no deberían transcurrir más de 2 minutos (en los casos más complejos) si los árbitros conocen a fondo su trabajo y utilizan bien los equipos. Ese lapso comparado con los largos procesos actuales, tanto por los reclamos de los jugadores, las sanciones consiguientes y en algunos casos la necesidad de que el árbitro en campo camine hasta el monitor del VAR, analice la jugada y emita una decisión; en nuestro criterio sería bastante menor y agilizaría el juego. Las demoras por reclamos y discusiones entre el árbitro de campo y los jugadores desaparecerían desde que los jugadores ahora serían conscientes de que este árbitro no toma las decisiones.

La cuarta característica de lograr decisiones inapelables se lograría precisamente por ser remota la decisión y por presenciar y escuchar los jugadores la deliberación y la decisión. Mientras más transparente sea el proceso menos posibilidad se genera en los jugadores, los entrenadores y la banca de discutir y cuestionar las decisiones. Siendo seres humanos todos los actores, hay que admitir que siempre habrá espacio para el descontento y la frustración. Lamentablemente no hay solución perfecta y creemos que la última característica del arbitraje remoto ayudaría mucho a amortiguar ese tipo de frustraciones.

La última característica de fiscalización y sanciones completaría el círculo para asegurar el mejor arbitraje posible. Ésta se conseguiría mediante la creación de procedimientos públicos y transparentes de revisión de las actuaciones arbitrales post partido, con participación activa de la prensa y de los delegados de los equipos que participaron en el juego. En dichos procedimientos se revisaría de manera abierta todas las decisiones controversiales durante el juego, para lo cual los delegados tendrían capacidad para presentar una lista de las decisiones que desean sean revisadas. Obviamente este análisis post partido no revertiría ya nada de lo decidido durante el partido, sea cual fuera la conclusión final de la investigación, porque de otra manera se perdería seguridad en los resultados con toda una cadena de efectos perversos derivados de esa incertidumbre. Recordemos que una característica del arbitraje remoto es que las decisiones son inapelables. La fiscalización posterior tendría como finalidad hacer un seguimiento permanente a la gestión arbitral y los árbitros remotos tendrían oportunidad de defender y sustentar los votos que emitieron. Dentro de las autoridades del fútbol de cada país y de cada torneo debiera haber una comisión permanente de fiscalización arbitral con capacidad de emitir sanciones en caso de infracciones comprobadas. Como estos procesos serían públicos se aseguraría que todas las partes terminen satisfechas con los resultados. El hecho de que los árbitros estén sometidos no solo a una vigilancia pública de sus actuaciones en tiempo real durante el partido, sino que incluso a fiscalizaciones públicas posteriores, sería una herramienta disuasiva muy poderosa para cualquier acto deshonesto o corrupto de cualquier árbitro que desee cuidar y mantener su carrera como tal. Mejoras sustanciales en sus remuneraciones (dada la responsabilidad que asumen) haría que la carrera arbitral resulte atractiva desde el plano profesional y, además, un activo importante a ser cuidado y conservado.

La democracia en el fútbol, las federaciones y los dirigentes.

Bien decía don Winston Churchil que la democracia era “el peor sistema de gobierno con excepción de todos los demás”. En otras palabras “tiene muchos defectos, pero no tenemos alternativa” … por lo menos hasta lo ahora conocido. El mundo del fútbol no escapa a esa cruda realidad. En teoría las reglas y formalidades que rigen a las entidades en este deporte “se manejan en democracia”. Esto es que los actores de ese ambiente (considerando como tales a los clubes y no a jugadores y técnicos) sean quienes por votación libre “y transparente”, eligen a sus autoridades. Así, los clubes de fútbol (formalmente registrados como tales) eligen a sus dirigentes de acuerdo con sus propios estatutos (incluyendo a los que tienen calidad de sociedades anónimas) y son estos dirigentes los que eligen a las autoridades de las federaciones de fútbol de cada región, país y continente y, éstos así designados, serán los que “libre y democráticamente” elijan a las autoridades de la todopoderosa FIFA.

Descrito así, realmente pareciera que se trata de un proceso democrático y que los finalmente elegidos y designados en cada etapa del camino son los merecedores de esa confianza y por lo tanto tienen representatividad legítima. Sin embargo, todos los que seguimos de cerca el mundo del fútbol sabemos que no es así y casi nunca nos sentimos representados por esos dirigentes eternos que responden más a un sistema monárquico que a una democracia… la mayor parte de ellos cesan en sus funciones el día de su muerte y no cuando finalice algún periodo prestablecido en toda elección democrática. En otras palabras, nunca existe la sana rotación de cargos que permita una fiscalización permanente de las gestiones previas. Además, en los últimos 20 años hay noticias permanentes de escándalos de corrupción en varios países y en la propia FIFA. Entonces… ¿Qué cosa es lo que está fallando?

Si no tenemos confianza en los dirigentes que son los que deciden todas las reglas de este “maravilloso” deporte… ¿Cómo hacemos para enderezar el rumbo? ¿Cómo y ante quién planteamos todas las reformas indispensables que se han descrito en este artículo?

Es indudable que algo está fallando en este “proceso democrático”. ¿Cómo hacen los “dirigentes eternos” para asegurar su reelección en cada periodo? En toda elección democrática son normalmente LAS BASES las que terminan fiscalizando la calidad de su elección y aplican la frustración de su desengaño en la siguiente elección castigando al elegido desleal e incumplido. Por eso la pregunta vital en este caso sería… en el mundo del fútbol ¿Quiénes son esas BASES?

En las reglas actuales del fútbol profesional son los clubes formalmente registrados y dentro de ellos… sus socios. Por tanto, retrocediendo al punto de partida de este mandato de representación, son estos socios quienes deberían fiscalizar su elección anterior variando su voto, dados los resultados; pero no lo hacen… ¿Por qué?

Creo que una primera respuesta sería porque a los socios de los clubes se les ha acostumbrado a que elijan en base a personas que les aseguren resultados: ganar partidos y ganar campeonatos (los clubes más poderosos) y perder lo menos posible para mantener la categoría (los más débiles y con menor patrimonio). En general a estos socios no les interesa mucho tener organizaciones eficientes, productivas, ordenadas y que aseguren más un buen espectáculo que un equipo lleno de títulos, que inviertan en semilleros y en formación de nuevos jugadores y, por esa vía, logren equipos vistosos que brinden espectáculo y, en todo caso, que también ganen títulos… pero no como prioridad exclusiva. El problema radica en que en los últimos años hay sospechas cada vez más fundadas que los títulos no los gana el mejor en la cancha, sino aquel equipo que más influencia ha logrado a nivel de todo tipo de autoridades en el fútbol (dirigentes y árbitros). El mantenimiento de los criterios subjetivos en las reglas del fútbol colabora de manera decisiva con este propósito. Así es que se crea el incentivo perverso para mantener en la dirigencia no a los líderes de organizaciones eficientes y productivas, sino más bien a los especialistas en cabildeos y compadrazgos que hacen de ese tipo de gestiones toda una carrera profesional. En ese mundillo siempre se preferirá elegir al malo conocido… que al bueno por conocer. Resultado… la dirigencia dominada por rufianes eternos.

Entonces… ¿Cómo hacer para romper ese círculo vicioso? Yo creo que sinceramente la única manera es con la palabra mágica que legitima todo proceso político: PARTICIPAR. Si queremos mejorar nuestro deporte más querido tenemos que participar, tenemos que hacernos socios de nuestro querido club y participar activamente en los procesos internos y exigir a nuestros consocios y a nuestros dirigentes que prioricen a la organización y al espectáculo. El mundo del fútbol no es diferente a la política general de los países, en los que la crisis generalizada de la democracia se ha producido por el alejamiento del ciudadano promedio de la gestión política. Los electores promedio no solamente no participamos activamente en partidos políticos, sino que muchas veces ni siquiera acudimos a votar y, si lo hacemos, es con total desgano, con poca investigación y normalmente… votando por el que nos parece el menos malo. La crisis generalizada de legitimidad en la representación política se da por igual en el fútbol como en las elecciones generales de cada país. Entonces el diagnóstico es claro, la crisis general de falta de representatividad de los dirigentes de todo tipo solo tiene un responsable… nosotros mismos. 

Objetivo del artículo: fomentar el cuestionamiento a la realidad actual, crear ambiente de polémica y buscar soluciones a corto plazo. Las propuestas incluidas no necesariamente son las soluciones ideales… son solo un listado de ideas para iniciar el debate.

Este artículo reúne un listado de reglas y realidades en el fútbol que considero cuestionables. Ése es mi diagnóstico. También incluye una lista de posibles soluciones porque no he querido limitarme a hacer la crítica sin involucrarme en la búsqueda de soluciones. Estos planteamientos son solamente ideas en borrador para fomentar el diálogo y la polémica al respecto. No necesariamente son la única alternativa.

Debemos comenzar a hablar de estos temas con más frecuencia y con vocación de cambio… de buscar alternativas y soluciones. No debemos restringirnos a ser aficionados pasivos e inertes… defendamos la calidad y la idoneidad de nuestro deporte favorito.

Epílogo.

Después de haber vuelto a leer este artículo una y otra vez me queda la ácida sensación de haber sido muy crítico con este deporte. ¿Es realmente tan dramática la crisis actual del fútbol para justificar una descripción tan negativa?

Deja un mal sabor porque a pesar de todo lo dicho, la verdad es que sigo disfrutando mucho de este deporte con todos sus defectos; pero por otro lado y por la misma razón no me puedo quedar callado. El fútbol actual es profundamente arbitrario y demasiadas veces termina ganando un partido el equipo que no lo merece. Muchos me dirán que precisamente lo atractivo del fútbol es la ausencia de una lógica en sus resultados, pues ese margen de incertidumbre hace que asistir y presenciar partidos siempre tenga su cuota de sorpresa… y tendría razón, muchas veces los resultados aleatorios son parte importante de la capacidad seductora de este deporte.

Pero las sorpresas derivadas del azar son muy diferentes de la posibilidad de injusticia e inequidad generadas por intervención, negligente o dolosa, de personas que no son jugadores. Son cosas diferentes… el azar es algo aceptable y propio de cualquier juego y el fútbol es eso también… un juego. Pero la arbitrariedad es una característica muy diferente para ser aceptable en este querido deporte. Implica manipulación y parcialidad. Hay que iniciar una campaña muy agresiva contra la arbitrariedad en el fútbol. Espero que este artículo pueda ser un punto de partida…

TRISTITIA

TRISTITIA

Abraham Valdelomar

Mi infancia, que fue dulce, serena, triste y sola; 
se deslizó en la paz de una aldea lejana,
entre el manso rumor con que muere una ola 
y el tañer doloroso de una vieja campana.
Dábame el mar la nota de su melancolía; 
el cielo, la serena quietud de su belleza;
los besos de mi madre, una dulce alegría, 
y la muerte del sol, una vaga tristeza.
En la mañana azul, al despertar, sentía 
el canto de las olas como una melodía
y luego el soplo denso, perfumado, del mar, 
y lo que él me dijera, aún en mi alma persiste;
Pues mi padre era callado y mi madre era triste 
y la alegría nadie me la supo enseñar.

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